Las 3 barreras más habituales al sacar adelante una idea

Tengo una idea. Me parece una idea fantástica y, una vez que esté desarrollada y abierta al público, a la gente le parecerá genial. Lo sé, lo intuyo.

Sin embargo, hay “algo” que no me deja sacarla adelante. Llevo meses y meses intentando que esa idea funcione, que la gente pueda disfrutar de ella, poder obtener ingresos extra con ella y conseguir un montón de cosas con ella…, pero ahí está, en mi cajón. Sigue en mi cajón.

Muchas de las personas que conozco podrían haber escrito los dos párrafos anteriores. Gente con un buen pensamiento creativo, con unas ideas increíbles y que muchas veces no brillan por culpa de barreras que les impiden sacar adelante sus ideas, compartirlas con el mundo.

Hay muchísimas barreras distintas, pero en este artículo voy a destacar las que yo veo más habituales y que suponen los frenos más fuertes:

1. Mejor espero a estar más preparado/a

Tengo una idea. Me parece una idea fantástica, pero todavía no está madura. De hecho, está muy verde. Es sólo una idea, le falta consistencia, desarrollo.

En un primer momento, cuando la idea acaba de surgir, es normal que esté verde. Tenemos que dedicar tiempo a trabajarla, desarrollarla, pulirla. Pero muchas veces, por más que la desarrollemos, nos viene esa sensación de que todavía falta “algo”:

Todavía no está lista para presentarla. Tengo que seguir puliéndola. Si la presento así, todo se puede venir abajo.

La cuestión es que la idea perfecta no existe. El desarrollo perfecto de una idea tampoco existe. La perfección no existe. Si nos centramos en crear la idea perfecta, sin lagunas, sin brechas, sin fallos, esa idea nunca saldrá a la luz, nunca brillará para el mundo.

¿Por qué? Porque muchas de las lagunas, brechas y fallos que una idea puede tener no podremos detectarlos mientras no la probemos en vivo. El ensayo-error es la mejor forma de mejorar una idea, pero para eso es necesario haberla sacado a la luz primero.

Así que cuando sientas esa inseguridad, recuerda que esa sensación va a seguir ahí hasta que saques tu idea a la luz. No tiene ningún sentido que sigas puliendo tu idea en casa, debes hacerlo sacándola de paseo, que crezca en contacto con el mundo.

2. ¿Y si me roban mi idea?

Tengo una idea. Me parece una idea fantástica y ya la he desarrollado. Está lista para ver mundo. Pero ¿qué pasa si alguien más se da cuenta de lo buena que es y me la roba?

Ahora te planteo la pregunta de una manera distinta: si no sacas tu idea a ver mundo, ¿cuál es la otra alternativa? Te la diré: guardarla en el cajón y dejar que se seque, se marchite y que, cuando en el futuro quieras volver a sacarla, te des cuenta de que los tiempos han cambiado y que la idea que antes podría haber sido fantástica, ahora ya no tiene cabida en el mundo actual. Esto ocurre muchísimas veces (a mí me ocurrió).

Es cierto que una idea no se puede registrar. Puedes registrar en Propiedad Intelectual un dibujo, un texto, incluso un programa de ordenador… pero no una idea. Si las ideas se pudiesen registrar, la ciencia no podría avanzar. Seguiríamos viviendo en cuevas. Lo que los científicos de todas las épocas han hecho ha sido, como decía Newton, apoyarse sobre hombros de gigantes para poder ver más lejos.

¿Qué significa que una idea no se pueda registrar? Significa que si a mí se me ocurre la idea de crear unos perfumes con olor a café o a pan recién horneado para usar durante la venta inmobiliaria y que la gente que visite un piso recoja por su olfato (el único sentido que va directamente al cerebro emocional, por cierto) los aromas del hogar, todo eso es una idea. La he tenido yo pero no puedo registrarla como tal. Puedo registrar la fórmula de los perfumes, el nombre de la marca, el logotipo, el diseño de los envases… pero no la idea. Si a otra persona le gusta mi idea y quiere crear su propia marca de perfumes para la venta inmobiliaria, podrá hacerlo porque las ideas no son objeto de registro de Propiedad Intelectual, no están sujetas a derechos de autor. Es por eso que disponemos de tantas marcas distintas de móviles donde elegir, de ordenadores, de desodorantes, de comida…, de prácticamente todo.

Entonces, si no puedo registrar mi idea y cualquiera puede “robármela”, ¿qué hago con ella? Mejor me la guardo.

Ése es el impulso habitual, pero no la solución correcta. La solución correcta la puedes encontrar en una clave: la velocidad. Tienes tu idea desarrollada, ahora sácala a ver mundo a una velocidad de vértigo. Desarrolla una web y difúndela por redes sociales, crea un vídeo que pueda ser viral, redacta un dossier y publícalo, envíalo a los medios de comunicación y a cientos de empresas. Que el mundo sepa que la idea ha sido tuya, posiciónate como el primero/a. Si tras hacer todo esto cualquier persona ve tu idea y decide crear algo similar, todo el mundo sabrá que tú has sido la primera persona en tener esa idea y la primera en lanzarla.

Así que cuando te entre el miedo a que roben tu idea, recuerda que el secreto para que no lo hagan está en la velocidad.

Pero no esperes el momento perfecto para sacar adelante una campaña potente porque entonces estarás volviendo a la primera barrera que hemos visto.

3. Miedo al rechazo

Tengo una idea. Me parece una idea fantástica, ya la he desarrollado y ya he iniciado mi campaña a toda velocidad para difundirla, que el mundo la conozca y que sepa que ha sido mía. Ahora tengo que ir a venderla, presentársela a otras personas y/o empresas que crean en ella y que me ayuden a comercializarla. Pero ¿qué pasa si no les gusta o si no le ven futuro?

Te lo diré: no pasa absolutamente nada. Que una persona o una empresa (o más) piensen que una idea no tiene futuro o que no es comercializable no quiere decir que no lo sea. Lo único cierto es que es tan importante tener y desarrollar una buena idea como venderla (entendiendo vender no solamente en el sentido de obtener beneficios económicos).

No hay nadie capaz de predecir el futuro. A los Beatles, una discográfica a la que fueron a venderse les dijeron que no les gustaba su música y que no iban a tener éxito con ella. J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, fue rechazada por muchas editoriales y ahora sus libros se han convertido en best-sellers mundiales. Que una o muchas personas o empresas rechacen tu idea sólo quiere decir que debes buscar otras que sí crean en ella.

Los seres humanos aceptamos muy mal las negativas. Nos crean emociones lastre y, si no las soltamos a tiempo, pueden irse acumulando y acabar anclándonos. Es vital que aprendas a no dejarte influir por lo que piensen, opinen o digan los demás. Si tú crees en tu idea, no pares hasta haber encontrado a alguien que también lo haga. Porque créeme, esas personas existen.

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