La enfermedad de la indefensión aprendida

Nuestra mente tiene una capacidad asombrosa para hacernos aprender. Gracias a ella podemos ser cada día más sabios y adquirir más experiencia en la vida.

Pero, al igual que nos hace aprender cosas buenas, nuestra mente también puede hacernos aprender cosas malas.

La enfermedad de la indefensión aprendida

Hay un cuento de Jorge Bucay titulado “El elefante encadenado”. En este cuento, el narrador se pregunta el motivo por el que un elefante de circo que está atado todos los días a una cadena no usa su fuerza para arrancarla y ser libre. Se imagina al elefante cuando era una cría tratando de arrancar la cadena. Por supuesto, la fuerza del elefante pequeño no era suficiente para poder lograrlo. Por mucho que tirase de la cadena todos los días, no conseguía ningún resultado. Y al ver que no conseguía ningún resultado, llegó un momento en el que dejó de intentarlo. Para siempre. Cuando creció, su fuerza física aumentó muchísimo, pero no se molestó en tratar de arrancar la cadena de nuevo. Así, el gran elefante del circo no es libre porque cree que no puede.

Esto es la indefensión aprendida, un concepto definido por el psicólogo Martin Seligman para referirse a la creencia de una persona de que no es capaz de llevar a cabo una acción o alcanzar un objetivo.

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El elefante encadenado sufría de indefensión aprendida. Imagen: morguefile.com Autor: katmystiry

Como le ocurría al elefante del cuento, hay veces en las que no hay correspondencia entre las acciones que llevamos a cabo y los resultados que obtenemos. La primera vez que esto ocurre, nuestra mente suele estar dispuesta a volver a intentarlo. Pero si lo vuelve a intentar un par de veces más y sigue sin ver resultados, nos lanza el mensaje de “no vayas por aquí porque la experiencia nos dice que no vamos a llegar a ninguna parte”.

Lo que la mente olvida es que somos capaces de aprender de los errores y mejorar… si nos lo proponemos.

Cuando estaba inventando un filamento que pudiese mantener encendida una bombilla mucho más tiempo de lo que aguantaban las de su época, Edison tuvo que intentarlo más de mil veces. Cuando le preguntaron por qué seguía intentándolo si ya había fracasado tantas veces, Edison le respondió: “No he fracasado. He descubierto más de mil formas de no construir una bombilla

¿Qué probabilidades hay de contraer la enfermedad de la indefensión aprendida?

Al contrario de lo que ocurría con Edison, la perseverancia y la tenacidad son valores internos que se pierden cada vez más en la sociedad actual. Parece que es mucho más sencillo rendirse y cederle nuestro éxito a otra persona. Pero ¿cuál es la cantidad de repeticiones necesarias para pasar de la autoconfianza y de las ganas de seguir intentándolo a la indefensión aprendida? Depende de la persona.

Una persona con poca confianza en sí misma, alguien que se ahoga en un vaso de agua que siempre ve medio vacío, podrá ser víctima de la indefensión aprendida con mucha facilidad.

En cambio, una persona con una gran autoconfianza, una autoestima alta, con ganas y que ve retos en lugar de problemas, es posible que no llegue nunca a contraer una indefensión aprendida.

¿Cuáles son los síntomas de la indefensión aprendida?

Si notas alguno de los siguientes síntomas, debes prestarles atención para contrarrestarlos lo antes posible:

  • Sensación de impotencia. La no correspondencia entre acciones y resultados puede desembocar en indefensión aprendida. Es decir, si llevas a cabo una acción esperando conseguir un resultado concreto y ese resultado no tiene lugar, tu mente puede hacerte creer que no tienes la capacidad suficiente para influir en tu entorno y lograr ese objetivo, lo cual desemboca en una sensación de impotencia que extiende una alfombra roja a la indefensión aprendida.
  • Desgana. Si una persona cree que no puede influir en su entorno, sentirá desgana. La desgana lleva a un estado de ánimo negativo y ese estado de ánimo negativo impide que entren en juego la perseverancia y el aprendizaje a partir del ensayo-error. Una persona con desgana suele pronunciar para sí misma frases como “¿para qué voy a hacerlo si total no voy a conseguir nada con ello?” o “la gente que lo intentó no consiguió nada, ¿para qué voy a molestarme en intentarlo yo?”.
  • Desmotivación. Si una persona cree que no puede influir en su entorno, dejará de interactuar con él. Si dejas de interactuar con tu entorno, pierdes la motivación, es decir, las ganas de seguir interactuando con él. Y si pierdes las ganas, dejarás de interactuar con tu entorno. Se crea entonces una espiral, un círculo vicioso del que sólo podrás salir precisamente con lo que te roba: la motivación.
  • Miedo al ridículo y al qué dirán. Si tienes miedo al ridículo es porque crees que vas a equivocarte, miedo que seguramente proceda de una indefensión aprendida. Una persona con seguridad en sí misma está convencida de que va a hacerlo bien. Y si se equivoca no se siente ridícula, sino que toma el error como parte del proceso de aprendizaje. Gracias a ese error, la próxima vez lo hará mejor y llegará un momento en el que será experta en el tema.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias de la indefensión aprendida?

Las personas con indefensión aprendida sufren dolencias emocionales. La sensación de no poder influir en el entorno lleva a un estado de ánimo negativo y ese estado de ánimo negativo en muchos casos puede desembocar en pesimismo, tristeza o, lo que es peor aún, en depresión.

Por otro lado, la indefensión aprendida provoca también dolencias cognitivas. Impide adquirir nuevas formas de interactuar con el entorno. Y sin interactuar con el entorno no es posible aprender formas de adaptarse a su continuo cambio. En otras palabras, la indefensión aprendida nos estanca y nos impide seguir avanzando.

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La indefensión aprendida es como un virus: si no luchamos contra ella, se multiplica y nos hace sufrir. Imagen: commons.wikimedia.org Dominio público

¿Puede afectar la indefensión aprendida al pensamiento creativo?

Por supuesto. De hecho, muchas personas no usan su pensamiento creativo porque creen que no pueden.

Pregunta a veinte personas si se consideran creativas y te sorprenderás con la cantidad de respuestas negativas que te darán. Como decía Henry Ford, “tanto si lo crees como si no, tienes razón“. La persona que se considera creativa es creativa y la persona que no se considera creativa no es creativa.

En muchos casos, las personas no se consideran creativas porque en algún momento de su vida se enfrentaron a un reto en el que tuvieron que usar la creatividad y los resultados no fueron lo que esperaban. Pudo ser una actividad en el colegio, un problema en el trabajo o influencias de otras personas en los círculos familiares y de amistades. Adquirieron una indefensión aprendida que bloqueó su autoconfianza y su capacidad creativa. Y el pensamiento creativo es como un programa de ordenador: si crees que no puedes usarlo no lo vas a usar, pero con ganas, tiempo y perseverancia puedes aprender a usarlo y llegar a hacer cosas increíbles con él.

¿Hay algún remedio para curar la indefensión aprendida?

A diferencia de un catarro o de una gripe, la indefensión aprendida no se cura con medicamentos o con reposo. De hecho, el reposo es un alimento que hará crecer tu indefensión aprendida.

La única forma de curarla es con actitud, fuerza de voluntad y, sobre todo, con ganas de curarla. Si cuando tienes un catarro o una gripe quieres recuperarte lo antes posible, ¿por qué no ibas a querer recuperarte de una indefensión aprendida si te hace sufrir mucho más?

Estos principios pueden ayudarte a coger las fuerzas necesarias para curarte de una indefensión aprendida. Sólo debes tenerlos en mente a la hora de luchar contra ella:

  1. Si hace unos años no fuiste capaz de lograr algo, es muy probable que fuese por las circunstancias del momento (las tuyas o las de tu entorno) o porque aún no tenías rodaje suficiente. Pero las circunstancias cambian. Tú cambias. El entorno cambia. Recuerda al elefante del cuento: las circunstancias cambiaron (primero era más fuerte la cadena que el elefante y luego pasó a ser más fuerte el elefante que la cadena), él no se adaptó a ese cambio y vivió prisionero toda su vida. ¿Por qué no vuelves a intentarlo adaptándote a todos los cambios que hayan tenido lugar? Recuerda lo que dijo Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta al cambio“.
  2. La perseverancia, la constancia, la tenacidad y el tiempo son esenciales para obtener resultados positivos. Que algo no haya salido bien a la primera no quiere decir que no vaya a salir bien a la segunda. Y que algo no haya salido bien la décimo quinta vez no quiere decir que no vaya a salir bien la décimo sexta. Todo depende de tu disposición a luchar por lo que quieres conseguir.
  3. El error no es malo como nos hacen creer de pequeños. Es una parte del proceso de aprendizaje. De hecho, la forma de aprendizaje más eficaz es la del ensayo-error: probar, probar, probar y aprender de los errores hasta dar con una solución. Así, además de aprender la forma de llegar a una solución, aprenderás las formas de no llegar a ella y te servirán para trasladar a futuras situaciones en las que tengas que resolver un problema. Recuerda a Edison y sus más de mil intentos para fabricar una bombilla.
  4. La indefensión aprendida es sólo un estado subjetivo de tu mente, una creencia limitante que te bloquea y te impide conseguir resultados. Pero recuerda que sólo es una apreciación tuya, una creencia. Tu mente te condiciona más para alejarte del dolor que para acercarte al éxito y lo que ella entiende por un fracaso lo ve como algo doloroso. Por tanto, tratará de conseguir por todos los medios mantenerte lejos de ese dolor, aunque eso signifique sacrificar tu éxito y tus sueños.

¿Se te ocurre alguna forma más de luchar contra la indefensión aprendida? ¡Estaremos encantados de que la compartas!

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